Vocación docente. Elegimos educar, elegimos amar y liberar

profeLa actual situación estudiantil, sumada a los esfuerzos por validar profesional y socialmente la vocación docente ameritan la pregunta por el sentido profundo de educar. Los profesores nos vemos desafiados a pensar aquello que cotidianamente vivimos, pues en el desarrollo y exposición de ese pensamiento se juega nuestra real dignidad y se justifica toda ulterior celebración.

Para quienes gozan la vocación de enseñar, es imposible no vincular Educación y desarrollo humano, en su dimensión material y espiritual, individual y social. Y es en este esfuerzo de conexión vital donde nos encontramos con las más variadas concepciones de Educación, desde las que nos ofrecen los expertos hasta las propias, fruto de la experiencia acumulada en el proceso de encarnación de la teoría en la praxis. Pero sin desmerecer ninguna de las concepciones educativas, es imperioso y determinante reencontrarnos con la Pedagogía como aquel quehacer cuyo objetivo fundamental es mostrar misterios, es decir, preguntas que instalar más que respuestas a saber, y en un contexto local, global, contingente y virtual. Y esto implica precisar que la Educación que nos construye en términos de patria y cultura no pasa exclusivamente por mediciones estandarizadas, ni mucho menos se reduce a esa confusión ideológica entre calidad y resultados finales, que no valora los procesos desde una perspectiva humanizadora, sino solamente en la medida en que responden a la necesidad de un buen producto final. La verdadera Educación se concreta en modelos educativos, pero al mismo tiempo trasciende los modelos, y contiene en sí misma esa potencia que nos lleva a conectarnos con la utopía del cambio social. Esto significa que no educamos para servir a demandas venidas del sistema económico imperante, sino para caminar juntos en la búsqueda de la verdad, de la justicia y la paz. Educamos para aprender a amar más, para liberar más. Es ésta la finalidad que da sentido a la vocación de enseñar, una vocación tensionada permanentemente por la pregunta por el bien para el otro y para sí, sabiendo que nunca existirá una respuesta total y absoluta, pues la búsqueda de la verdad jamás termina.

Por otro lado, la acción de vincular Educación y desarrollo humano pasa necesariamente por atender al contexto donde tiene lugar dicho cometido. Los profesores no educamos entelequias, sino personas, y a esas personas en tanto cuanto determinadas por circunstancias que les afectan en sus opciones fundamentales y posibilidades de vida.

Desde el actual contexto educativo nos preguntamos en qué medida la Educación chilena está al servicio del desarrollo humano de todos los ciudadanos. Sabemos que el debate al respecto es intenso y extenso, pero ello no nos exculpa de pensar y vivir la verdadera Educación.

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Categorías:EDUCACIÓN

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