Sobre el arte (o atrevimiento) de liderar

liderazgoEn los tiempos que corren, los pensamientos convergen en la falta de líderes que sepan aunar y movilizar voluntades hacia metas que nos permitan superar los escollos que a diario constatamos en todos los planos y niveles de la vida. Y esto no sólo vale para la política, sino también para la educación, Iglesia, economía, familia y juventud, entre otros. Allí donde hay sociedad y cultura, la percepción es la misma: falta mayor liderazgo. Y es por ello que tendemos, con la misma fuerza, a idealizar la figura del líder. A propósito de esto, les comparto un extracto de la reflexión del Profesor Sergio Micco, publicada en  el último número de Mensaje. Bien vale la pena usar esta síntesis magistral sobre los líderes y el liderazgo, como filtro para mirar nuestra propias organizaciones, en lo macro y en lo micro, pero también esos pequeños y grandes ambientes liderados por nosotros mismos: familia, curso, grupos de trabajo, equipos de gestión… Espero les sea de utilidad, para pensar y hacer pensar. Después de todo, cada uno lidera en lo suyo, o al menos eso pretendemos.

“Cuando los problemas son complejos y los desafíos enormes, se requiere de liderazgo. No estamos pensando en un líder carismático que tiene respuestas simples e indoloras para todo. Tal líder no existe y es bueno que así sea (Garretón 2005:109). Entendemos el liderazgo como una actividad que motiva, moviliza, organiza, orienta y focaliza la atención de una comunidad para lograr su adaptación social, encarando con éxito sus problemas en concordancia con valores y propósitos comunitarios, y así adoptando nuevas actitudes y conductas (Heifetz 24 y 45). De lo que se trata es de exponer a plena luz del día la enorme distancia que separa los valores que proclama una comunidad con las realidades mezquinas en las que vive. Tal diagnóstico supone terapias inciertas, por nuevas, complejas y dolorosas. El liderazgo adaptativo exige a las élites ceder en aspectos culturales, ideológicos, intereses políticos y económicos que las separan de la masa. Ello supone de parte del líder el suficiente idealismo al mantenerse fiel a su elevada misión y correr riesgos, pero, al mismo tiempo, del prudente pragmatismo a la hora de seguir representando a sus seguidores y controlando daños y riesgos (Heifetz y Linsky: 16). Don Quijote y don Sancho hechos uno a la hora de saber amar y mandar, unir y avanzar.

Normalmente identificamos al liderazgo con la popularidad y el éxito. Error que explica por qué vivimos tiempos de ausencia de líderes. “El liderazgo vale la pena porque las metas van más allá de la ganancia material o del prestigio personal. Al mejorar las vidas de las personas que las rodean, el liderazgo da un sentido a su vida. Crea un propósito” (Heifetz y Linsky: 17). Su éxito no es necesariamente el triunfo, sino el uso de un don  para ayudar a su comunidad a prosperar. Ser líder tampoco es ser siempre popular. Por cierto, el líder debe tener seguidores. Además, es humano que le agrade la sensación de subir al escenario y tener a multitudes aplaudiéndole. Pero ¿estará dispuesto a ser abucheado? Pues quienes ejercen el liderazgo pueden pasar mucho tiempo sin que escuchen ningún aplauso, si es que lo llegan a oír alguna vez. Más bien pueden arrojarles tomates. O dispararles. Nos gusta recordar a Martin Luther King hablando a un cuarto de millón de personas en Washington D.C.; pero menos nos agrada verlo baleado y agonizante en un motel de Memphis. Malos finales tuvieron Artigas, Bolívar, O’Higgins, San Martín o el cobardemente asesinado Antonio José de Sucre, yendo a buscar a Quito a su esposa Mariana y a su hija que apenas conocía. Y eso no los hizo menos líderes. Por el contrario. Los líderes muchas veces no son populares, pues, en tiempos de crisis moral, deben pedirle a la gente que cambie de hábitos, creencias y valores, y que acepte pérdidas que afectan parte de su identidad. Inmediatamente serán atacados, porque: ¿puede garantizar que lo que vendrá será mejor a lo que se tiene? ¿Quién les sugirió que son ellos las personas competentes? ¿No deberán movilizar a sus seguidores, llevándolos a duras batallas de incierto resultado? ¿Si aman la paz, no deberán acordar con sus enemigos al punto de ser acusados de traidores? ¿No se enfrentarán a los poderosos partidarios del statu quo y a los oportunistas de siempre? El liderazgo es un arte dificilísimo, pero imprescindible por insustituible”.

(FUENTE: MICCO S., “Chile y su desarrollo: la urgencia de un liderazgo republicano decido”; en: MENSAJE 610, Vol. LXI (2012) 7-11).

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Categorías:ACTUALIDAD, ENSAYOS

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