Introducción General al Curso de Didáctica de la Filosofía, U. Finis Terrae 2013

eligeeducarDeseo introducir este Curso de Didáctica con una cita de Don Ricardo Lagos Escobar, ex Presidente de nuestro País: “el panorama de Chile es otro, ha cambiado fuertemente. Surgió una protesta, que primero fue estudiantil pero luego abarcó otros sectores de la sociedad, en donde quedó de manifiesto  un malestar que no tenía una expresión política clara, sino que reflejaba el sentir profundo de un país, de una sociedad que parecía entender que no había una orgánica política clara que pudiera interpretar y canalizar sus demandas cabalmente. La marcha de aquellos que iban tras un lienzo que decía “El pueblo unido va sin partidos” era un llamado de alerta y de atención muy profundo para el país que queremos construir entre todos1”.

En materia de Educación, el país entero exige el término de promesas incumplidas, pero también nos urge a poner punto final a la postergación de la calidad y equidad, postergación necesaria en un momento para favorecer la cobertura, pero que hoy se hace insostenible e inexplicable en una nación que ha abierto sus puertas al comercio exterior con inesperados y fructuosos dividendos y, de paso, ha inscrito -con orgullo- su nombre en la OCDE.

Considerando que esta discusión ha marcado buena parte de la agenda nacional durante los últimos años y, por lo visto, lo seguirá haciendo; pero, teniendo presente además que estamos en presencia de un selecto grupo humano, cuyo protagonismo en el tan anhelado cambio es evidente, a la vez que reviste una grave responsabilidad social y personal, me permito exponer algo de lo que pienso al respecto.

Luego de las abundantes y variadas aguas que han corrido bajo el puente de la Educación, hemos llegado a un punto en que coincidimos en la necesidad de concentrar todos los esfuerzos para que la formación que llega a los alumnos, en todas sus dimensiones y aristas, y en todos los rincones geográficos y culturales del país, responda al menos a eso que el sentido común entiende por excelencia y calidad. Y hacia allá transitamos con reformas y ajustes de currículum, con la mirada puesta en la carrera docente y en las prácticas pedagógicas y directivas de quienes ya hemos abrazado esta vocación, con la mochila cargada de importantes recursos económicos destinados a los más variados fines educativos, entre muchas otra medidas. Todo eso alienta la marcha y entusiasma a quienes ven en la Pedagogía un camino eficaz para cambiar -ya ahora- la vida de muchas personas, quizás no el único, pero noble y posible al fin.

Creo que ya nadie, al menos en teoría, se atreve a sostener una Educación de excelencia para unos pocos y otra mediocre para la mayoría. Eso no. Pero los problemas mayores, los de fondo y grueso calibre, aquellos que nos indignan y provocan el malestar social generalizado, no se dan en la teoría, sino en lo cotidiano de insospechadas y arraigadas malas prácticas y complicidades. Intentemos mirar ahora, aunque no podamos escapar al sesgo propio del observador ni a la brevedad del tiempo, algunas aristas de este iceberg que son los desafíos educacionales.

La inmensa mayoría comparte el anhelo de que todo “lo público”, incluyendo salud, vivienda, previsión social, trabajo, justicia, y -obvio- Educación, sea de igual calidad que “lo privado”. El punto de diferencia no debe estar en la excelencia, sino en la diversidad de propuestas y opciones. Eso es bueno en una sociedad pluralista. Pero molesta que se manosee el concepto de “educación pública” con fines políticos e ideológicos, mientras se hace vista gorda de escandalosas situaciones de abuso, relativas a gestión, que generan, viven o padecen muchos profesores, directivos, jóvenes y niños del país2. Entusiasma encontrarse con directivos que se esfuerzan por una buena gestión, pero desencanta que las malas gestiones se sigan encubriendo tras esa defensa de “lo público”. Molesta que el mero cumplimiento del deber de hacer las cosas bien se publicite y difunda como grandes logros. Molesta el silencio cómplice ante gestiones que obedecen únicamente a intereses políticos, celos y hasta venganzas.

Es ya un gran paso que estemos dispuestos y decididos a dejar de pensar y ver la Educación como un jugoso nicho comercial, a costa de los más pobres. Pero se me hace insoportable escuchar esos discursos grandilocuentes contra el lucro y la educación privada, exigiendo transparencia, cuando al mismo tiempo me encuentro con escuelas y liceos en los que sus directores jamás dan cuenta pública de la gestión económica, pedagógica, ni administrativa de y a sus comunidades educativas. ¿De qué transparencia hablamos entonces?

Si anhelamos una mejor Educación para nuestros niños y jóvenes, estamos claros que debemos incrementar el gasto público en esta cartera, y en ese plan se están orientando las políticas. Pero molestan y escandalizan algunas situaciones. Molesta, por ejemplo, que el presupuesto anual de Educación considere miles de millones de pesos para la subvención escolar preferencial, destinada a los alumnos más vulnerables, y que de este beneficio se enteren sólo unos pocos, que haya profesores que nunca han oído hablar de esos recursos, y peor aún, que alumnos vulnerables jamás reciban estos beneficios. Y al parecer este escenario propicio para el aprovechamiento podría aumentar con la así llamada Subvención para la Clase Media3. Molesta tanto abuso y liviandad precisamente allí donde más se necesita.

Molesta que se arme todo un discurso ideológico en contra de la selección y discriminación, y luego los liceos bicentenario4, urgidos por cumplir metas, inicien un programa de selección como el más selectivo de los colegios selectivos, sin preocuparse por el destino de quienes “no quedaron” en el liceo de excelencia y “público”.

Por otro lado, motiva y alegra encontrarse con profesores, antiguos y jóvenes, que se apasionan por y con enseñar, que se desviven por sus alumnos y sueñan sus futuros como si de sus propios hijos se tratase. Lamentablemente también aquí somos testigos de profundas paradojas. Desencanta, por ejemplo, conocer a profesores que siguen pensando la acción de educar como un derecho semejante al derecho laboral y, peor aún, incuestionable, sin importarles si lo hacen bien o mal, con pasión o sin ella, con vocación o sin ella, preparando sus clases o improvisando todo. A esos profesores con título, pero sin espíritu de Quijote, les decimos que educar no es un derecho, es un regalo y un privilegio que llena el alma. Y cuando no se está a la altura del don recibido, aún queda dignidad para reconocerlo. Molesta y desencanta, también, que haya profesores que pretenden imponer sus años de experiencia para acallar y descalificar la voz de sus alumnos. A ellos les decimos que cuando la experiencia no se depura en el crisol de la sala de clases, se convierte en ocasión y en fuente de abusos.

Me gozo en esos profesores que están siempre deseosos de aprender, de perfeccionar sus conocimientos, que sin importar la edad que tengan viven cada día con increíble energía y originalidad, en el sentido de estar continuamente volviendo al origen de sus motivaciones. Y mientras esto sucede, también los hay quienes están dispuestos y deseosos de enseñar, pero no igualmente de aprender, estudiar y prepararse siempre más y mejor.

Es muy cierto que si no valoramos socialmente la figura y vocación del profesor, no podemos alcanzar la Educación que esperamos para un Chile más justo. Lamentablemente, como bien expone Martha Kluttig, “durante los últimos 40 años la acción del Estado ha estado principalmente orientada a degradar, primero, el rol de los docentes en la sociedad; y, luego, hacia restituir fundamentalmente su capacidad de generación de ingresos. Lo que le ha dicho este país a sus docentes es, primero, que no los necesita demasiado y, luego, que sólo los considera partícipes en cuanto agentes privados orientados hacia la ganancia (…)”5. No obstante, notamos alentadoras acciones tendientes a recuperar dignidad y el lugar que le corresponde en la sociedad a un pedagogo, y ello llena el alma de sano orgullo. El programa “Elige Educar” es un buen ejemplo de ello. Por lo mismo, avergüenza que haya algunos colegas que piensen que la dignidad de esta vocación pasa por el dinero. Es muy cierto que todos necesitamos una remuneración justa, que nos permita acceder a los medios y recursos de una vida humanamente digna, pero el honor y la dignidad de un profesor no se discute con la chequera sobre la mesa.

Valoramos, también, el hecho que haya apoderados que secundan y apoyan la educación de sus hijos, que han comprendido desde siempre que las verdades fundamentales se enseñan en casa, que son capaces de poner límites y decir no cuando hay que hacerlo, aunque les duela el alma. Pero agota y molesta ese segmento de apoderados que sólo se entrevistan con el profesor para reclamar, que mienten para no asumir sus responsabilidades, que justifican hasta las “mañas” más injustificables de sus hijos. Molesta que no les quieran de verdad.

Los educadores nos alegramos y gozamos los logros de nuestros estudiantes, sobre todo cuando detrás de ello hay un montón de carencias, en sus personas descubrimos el aliciente más patente y vivo para continuar la marcha hacia el milagro de impactar positivamente las vidas de otros. Pero de todos modos, nos molesta encontrarnos con alumnos dispuestos a dar todo tipo de peleas, que deseen estar en la primera línea de las movilizaciones, pero que cuando se trata de hacer su “pega” específica, que es estudiar y pensar la realidad, analizar y discernir éticamente el mundo, les dé “lata”, y prefieran repetir y repetir los mismo argumentos e ideas de otros. Molesta que haya pobres tan cómodos, preparándose para ser profesionales “mediocritos”, que no se exijan al máximo, como si para ayudar y defender los derechos de los más pobres cualquier cosa alcanza. Molesta que haya estudiantes que no estudien con sentido social, que sólo piensen en sus proyectos mínimos. Eso desencanta y molesta.

Molesta, por último, que no nos moleste nada. Molesta el silencio y complicidad de directivos y docentes, molesta que no seamos capaces de agradecer y destacar lo bueno, venga del mundo privado o del mundo público. Molesta que prefiramos el cómodo silencio antes que escribir con el riesgo de ser mal entendido y hasta rechazado, pero al mismo tiempo con compromiso y afán de buscar juntos la verdad. En cambio, prefiramos el diálogo de pasillo, ese diálogo suelto, liviano, irresponsable, refunfuñante y tautológico.

Cuando miro y pienso en todo lo que hemos alcanzado, en los pasos que se están dando, en lo que viene al futuro y en lo que existe al presente, al igual que muchos siento deseos de seguir. Pero cuando miro la solidez de toda esta reforma educacional, no puedo dejar de ver también este otro lado de la verdad. Y es entonces cuando pienso la Reforma a la luz de Kundera, y se me hace molesta, contradictoria, insustancial, liviana, leve.

Y aquí están ustedes, alumnos de este curso de Didáctica de la Filosofía, inmersos en este contexto, queriendo hacerse cargo de él, para cambiarlo con la única y mejor herramienta que poseen: pensar. En esto pondremos el acento, en pensar y enseñar a pensar. Que éste sea nuestro horizonte. Siento el deber de transmitirles cuanta experiencia pueda al respecto, pues los contenidos propios del curso los podremos revisar una y otra vez, podrían ustedes llegar a ser expertos, pero lo que no deben perder de vista jamás es que su tarea es de cara a personas, cada una de ellas con historia, y sobre esas personas ustedes impactarán, para bien o mal. Me parece que los profesores, tanto los actuales como los que se están formando para serlo, debemos pensar más profundamente el significado de impactar. Todo impacto provoca: mutaciones, accidentes, marcas perennes o superficiales, cambios en la trayectoria, fusiones o divisiones. La energía liberada en un impacto se puede calcular, así como también sus efectos cuantitativos. Pero no se puede calcular el efecto cualitativo del impacto en las personas. La pedagogía, y en especial la Didáctica, tiene que ver con esos impactos, con el esfuerzo de intencionarlos para que respondan a la formación y Educación que anhelamos. Lo más fácil es no intencionar, bajo la excusa de respetar la libertad del otro, de no domesticar. Intencionar la enseñanza, el impacto, no es lo mismo que domesticar o condicionar. La intención pedagógica tiene que ver con hacernos cargo de quienes somos y de lo que hacemos, asumir responsablemente la condición docente. Quien no intenciona también impacta, pero deja la responsabilidad en manos del azar. Ya lo decía Kant: “El hombre es la única criatura que ha de ser educada6”.

En este curso no sólo nos preguntaremos por el modo cómo enseñar, sino también por aquellas realidades del modelo de aprendizaje escolar que podemos intervenir. En otras palabras, es necesario que tengamos claridad respecto de los campos de acción donde el impacto es posible y necesario. Intentaremos respondernos la pregunta por la enseñanza efectiva. Sabemos que ésta implica factores que trascienden la sala de clases, y que tienen que ver con la cultura escolar, liderazgo instruccional y pedagógico, motivación y alineamiento, capital cultural, entre otros. Pero también sabemos que de todos ellos, lo que el profesor hace o no hace en la sala de clases es el primero y más determinante de todos.

Recordando y asintiendo las palabras de Lagos al inicio de esta introducción, concuerdo plenamente en que Chile ya no es el mismo, y espero que los profesores formados en esta casa de estudios estén a la altura de los nuevos tiempos.

NOTAS

1. ESCOBAR R., “Chile 2030: siete desafíos estratégicos y un imperativo de equidad”; en: LAGOS R.-LANDERRETCHE M., El Chile que se viene. Ideas, miradas, perspectivas y sueños para el 2030, Santiago de Chile, Ed. Catalonia, 2011, p.7.

2. Cf. http://radio.uchile.cl/noticias/183289/ [Consulta: 28 de febrero 2013]; http://ciperchile.cl/2013/02/01/ministerio-de-educacion-pone-la-lapida-sobre-la-universidad-del-mar/ [Consulta: 28 de febrero 2013]; http://ciperchile.cl/2013/01/24/%E2%80%9Cen-la-cna-sabian-que-varias-universidades-privadas-facilitan-el-lucro-de-sus-socios-controladores%E2%80%9D/ [Consulta: enero 2013].

3. Cf. http://ciperchile.cl/2013/01/18/subvencion-para-la-clase-media-un-retroceso-para-la-calidad-y-equidad-de-la-educacion/ [Consulta: 01 de marzo 2013].

4. Cf. CIPER CHILE, “Fernando Atria: Los 50 liceos de excelencia son una medida publicitaria a costas de la mayoría”. En linea: <http://ciperchile.cl/2010/05/13/fernando-atria-%E2%80%9Clos-50-liceos-de-excelencia-son-una-medida-publicitaria-a-costa-de-la-mayoria-de-los-jovenes%E2%80%9D/&gt; [Consulta: 12 de febrero de 2012]. RAMÍREZ M., “Liceos Bicentenario: Para ti, no alcanza”. En linea: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/10/16/liceos-bicentenario-para-ti-no-alcanza/&gt; [Consulta: 25 de enero de 2012].

5. KLUTTIG M; en: LAGOS R.-LANDERRETCHE M., El Chile que se viene. Ideas, miradas, perspectivas y sueños para el 2030, Santiago de Chile, Ed. Catalonia, 2011, p.138.

6. Cf. Lecciones sobre Pedagogía, impartidas por Kant en la Universidad de Königsberg, publicadas en 1803.

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Categorías:EDUCACIÓN

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