Informe sobre la fe: entrevista a Joseph Ratzinger

ratzingerEl año 1985 la Editorial BAC publicaba un compendio de entrevistas realizadas por el escritor y periodista italiano, Vittorio Messori, al entonces Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (el ex Santo Oficio), Cardenal Joseph Ratzinger, quien en abril de 2005 se convertiría en Benedicto XVI. Las entrevistas fueron publicadas bajo el título “Informe sobre la fe”, y en su primer capítulo rescata brevemente algunas descripciones que la prensa hacía de Ratzinger en aquella época: “Un alemán agresivo, de talante orgulloso; un asceta que empuña la cruz como una espada”; “Un típico bávaro, de aspecto cordial, que vive modestamente en un pisito junto al Vaticano”; “Un Panzer-Kardinal que no ha dejado jamás los atuendos fastuosos ni el pectoral de oro de Príncipe de la Santa Iglesia Romana”; “Va solo, con chaqueta y corbata, frecuentemente al volante de un pequeño utilitario, por las calles de Roma. Al verle, nadie pensaría que se trata de uno de los hombres más importantes del Vaticano”.

En esta época, nadie podría sospechar que años más tarde este mismo Cardenal provocaría un giro y llamado sin precedentes en la historia de la Iglesia. La mayoría de las opiniones sobre la persona y legado de Benedicto XVI, sobre todo luego de su renuncia, distan mucho de aquellas que datan del tiempo de esta entrevista. La Historia, una vez más, nos ayuda a matizar los juicios y a valorar a las personas en la justa medida de sus actos y aportes a la Humanidad. Pero lo que resulta realmente interesante es encontrarse en este “Informe sobre la fe” con algunos luminosos pasajes que nos hablan de una crisis que ya comenzaba a notarse en el seno de la Iglesia, y que el entonces Cardenal Ratzinger, había comenzado a observar y discernir con su característica agudeza intelectual. Expongo aquí un par de breves extractos, que no obstante su precaria extensión, ofrecen contundentes pistas para pensar el presente y el futuro de la Iglesia.

  1. A veinte años de haber concluido el Concilio Vaticano II (en 1965), Ratzinger afirma: “Resulta incontestable que los últimos veinte años han sido decisivamente desfavorables para la Iglesia católica. Los resultados que han seguido al Concilio parecen oponerse cruelmente a las esperanzas de todos, comenzando por el Papa Juan XXIII y, después, las de Pablo VI. Los cristianos son de nuevo minoría, más que en ninguna otra época desde finales de la antigüedad”.
“Los Papas y los Padres Conciliares esperaban una nueva unidad católica y ha sobrevenido una división tal que -en palabras de Pablo VI- se ha pasado de la autocrítica a la autodestrucción. Se esperaba un nuevo entusiasmo, y se ha terminado con demasiada frecuencia en el hastío y en el desaliento. Esperábamos un salto hacia adelante, y nos hemos encontrado ante un proceso progresivo de decadencia que se ha desarrollado en buena medida bajo el signo de un presunto “espíritu del Concilio”, provocando de este modo su descrédito”.
  2. Consultado por la reforma que debería llevar adelante la Iglesia, Ratzinger responde: “Debemos tener siempre presente que la Iglesia no es nuestra, sino suya (de Dios). En consecuencia, las “reformas”, las “renovaciones” -por apremiantes que sean-, no pueden reducirse a un celoso activismo para erigir nuevas y sofisticadas estructuras. Lo más que puede esperarse de un trabajo semejante es una Iglesia “nuestra”, hecha a nuestra medida, que puede incluso ser interesante, pero que por sí sola, no es la Iglesia verdadera, aquella que nos sostiene con la fe y nos da la vida con el sacramento. Quiero decir que lo que nosotros podemos hacer es infinitamente inferior a Aquel que hace. Verdadera “reforma”, por consiguiente, no significa entregarnos desenfrenadamente a levantar nuevas fachadas, sino (al contrario de lo que piensan ciertas eclesiologías) esforzarnos por que desaparezca, en la medida de lo posible, lo que es nuestro, para que aparezca mejor lo que es suyo, lo que es de Cristo. Es ésta una verdad que conocieron muy bien los santos: éstos, en efecto, reformaron en profundidad a la Iglesia no proyectando planes para nuevas estructuras, sino reformándose a sí mismos. Lo que necesita la Iglesia para responder en todo tiempo a las necesidades del hombre es santidad, no management”.
  3. Sabemos que el espíritu profético, que nos impulsa a hablar y actuar movidos por Dios, aunque ello signifique ser portadores de palabras duras, se ve siempre tentado por aquella voz que nos invita a la diplomacia, a no enemistarnos con nadie, a secundar más bien los discursos de las mayorías. Ante este riesgo permanente, el Cardenal Ratzinger reafirma la necesidad de mantener nuestra fidelidad al Evangelio. “Los sacerdotes católicos de mi generación nos hemos acostumbrado a evitar las contraposiciones entre nuestros hermanos, a buscar siempre un punto de acuerdo, a no significarnos mucho con posiciones excéntricas. De este modo, en muchas Conferencias episcopales, el espíritu de grupo, quizá la voluntad de vivir en paz, o inclusos el conformismo, arrastran a la mayoría a aceptar las posiciones de minorías audaces decididas a ir en una dirección precisa (…). Conozco obispos que confiesan en privado que si hubieran tenido que decidir ellos solos, lo hubieran hecho en forma distinta de como lo hicieron en la Conferencia. Al aceptar la ley del grupo se evitaron el malestar de pasar por “aguafiestas”, por “atrasados” o por “poco abiertos”. Resulta muy bonito decir siempre conjuntamente. Sin embargo, de este modo se corre el riesgo de que se pierda el “escándalo” y la “locura” del Evangelio, aquella “sal” y aquella “levadura” que, hoy más que nunca, son indispensables para un cristiano ante la gravedad de la crisis, y más aún para un obispo, investido de responsabilidades muy concretas respecto de los fieles”.

Ahora que estamos a la espera del nuevo sucesor de Pedro, y cuando la Iglesia entera tiene puestas sus esperanzas en una reforma que nos lleve a mostrar de mejor modo el rostro de Dios al mundo actual, bien vale la pena meditar y repensar el juicio crítico y luminoso del entonces Cardenal Joseph Ratzinger.

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Categorías:ACTUALIDAD, RELIGIÓN

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